Quién mucho abarca todo aprieta: Medios y política en Uruguay

Federico Barreto
Lic. en Ciencias de la Comunicación con experiencia en políticas públicas y organizaciones sociales. PD: Sigo queriendo ser astronauta, uds. no?

El gobierno uruguayo apura la derogación de la Ley de Medios con un proyecto a medida para los intereses de los “tres grandes”.

Luis Lacalle Pou prioriza uno de sus compromisos electorales: la desregulación de los medios de comunicación audiovisuales. Según la oposición, organizaciones sociales, y expertos en la materia, significa un retroceso en Derechos Humanos. Concentración y extranjerización de la propiedad de los medios, así como la eliminación de todos los espacios de transparencia, participación ciudadana y defensoría de las audiencias. Mientras tanto, el Poder Ejecutivo exige a sus socios apretar el acelerador para aprobar la ley antes de fin de año.

1. QUIEN EMITE Y NO CONVIDA: 

Impermeables a los cambios de gobiernos, tres familias dominan el mapa de medios en Uruguay desde hace décadas.

Los diarios, radios y televisoras guardan íntimos vínculos con la política, los partidos y los gobiernos. Su rol ha sido trascendental para la democracia, tanto para su conquista y defensa, como para su socavamiento y pérdida. Los gobiernos del Frente Amplio fueron capaces de negociar exitosamente la escena mediática, al menos hasta los últimos años de su tercera administración. ¿Qué explica este equilibrismo? La respuesta parece estar no tanto en la orientación de las políticas, sino en las características propias del sistema político y mediático uruguayo.

Desde los inicios de la radiodifusión en Uruguay, tres grupos económicos (o familias) han dominado el mercado mediático nacional. En la actualidad este oligopolio, que capta el 95% de la audiencia de TV abierta, está constituido por los grupos Cardoso – Pombo Scheck (canal 12); Fontaina – De Feo (canal 10); y Romay – Salvo / Romay Eccher (canal 4). Juntos gestionan la Red Uruguaya de Televisión, que controla la programación y recaudación publicitaria de decenas de empresas en el interior del país. Pero además, con la irrupción de la televisión de pago por cable en la década de los noventa, los llamados “tres grandes” crearon la empresa Equital para operar como único proveedor en Montevideo y con control sobre varias empresas de TV para abonados en el interior del país. Pese a incumplir abiertamente la legislación vigente, en 2011 este conglomerado “cartelizado” controlaba 22 señales abiertas y 76 de pago en todo el país.

Según la investigación “En pocas manos”, estos grupos no se limitan a la propiedad de medios audiovisuales sino que también poseen acciones en prensa escrita (como El País y Búsqueda), en emprendimientos agropecuarios y hasta en el rubro de supermercadismo a través del Grupo Disco Uruguay (Disco, Devoto y Géant).

El ingreso en 1995 del grupo Clarín de Argentina al sector de la TV para abonados implicó la aparición de un competidor internacional de mayor escala. En 1998 Franciso “Paco” Casal fundó la empresa Tenfield (VTV), señal especializada en la transmisión de la liga uruguaya y la selección nacional de fútbol, pero desde entonces se ha ido expandiendo y consolidando en el mapa. Luego, en 2003, se sumó a la competencia la empresa de televisión digital estadounidense DirecTV.

En contraste, durante décadas los medios públicos nacionales navegaron a la deriva. Reducción a la “alta cultura”, ahogamiento presupuestal, deficiencias técnicas, corsé burocrático y precariedad laboral fueron los principales lastres para su desarrollo, sumado a la constante presión del sector privado por anular cualquier tipo de competencia. 

En definitiva, el modelo uruguayo reproduce a medias dos modelos contrapuestos: el europeo, con medios públicos fuertes financiados por toda la ciudadanía, y el estadounidense, con base en el sector privado financiado por publicidad pero con fuertes regulaciones anti concentración. En Uruguay, como en todo América Latina, se dio rienda suelta al sector comercial, pero con regulaciones débiles u omisiones en su aplicación.

El reciente despegue de TV Ciudad, la señal de televisión pública de la Intendencia de Montevideo creada en 1995 durante el primer gobierno frenteamplista, demuestra que con voluntad política, planificación estratégica y profesionalización es posible construir proyectos viables y exitosos.

CAMPO POLÍTICO Y MEDIÁTICO EN URUGUAY

Según el investigador argentino en medios y política, Iván Schuliaquer, los gobiernos del Frente Amplio -a diferencia de lo que sucedió en otros países- fueron capaces de lograr una negociación de la escena mediática en forma beneficiosa no por su orientación socialdemócrata -contra otras experiencias de la región consideradas populistas- sino a la configuración misma del sistema mediático nacional.

El primer factor a tener en cuenta es que el Estado uruguayo tiene mayor poder de incidencia y peso económico que las empresas de comunicación nacionales. La posición monopólica de la empresa estatal de telecomunicaciones, ANTEL, líder en su sector, es un enorme diferencial en comparación con otros países donde el proceso privatizador de las empresas públicas en la década de los noventa impactó de manera mucho más drástica. 

Por otra parte, en Uruguay los partidos políticos se cuentan entre los más antiguos y estables del mundo. La grave crisis económica y social de 2002 no se tradujo en un descreimiento generalizado de la representatividad partidaria, por lo que no fue necesario que las empresas de comunicación ocuparan ese vacío político, como sí sucedió en otros países. De esta forma, los liderazgos políticos son definidos por las estructuras partidarias, quienes orientan en buena medida las preferencias electorales de la ciudadanía, lo que consolida su representatividad.

En cuanto a la estructura del campo mediático, pese a la alta concentración en la propiedad de los medios, existe una alta estabilidad en su distribución y propiedad. Los “tres grandes”, si bien operan en alianza, presentan estrategias comerciales diferenciadas y todavía se mueven en clave de competencia, a diferencia de lo que ocurre en Argentina y Brasil, donde un solo grupo mediático domina la escena, como es el caso de Clarín en el primero y Globo en el segundo. 

En el caso de la prensa escrita, los diarios siempre estuvieron ligados a los partidos políticos. Sin embargo, desde la recuperación democrática varios optaron por separar las secciones informativas de las de opinión y así profesionalizar la labor periodística. 

El último factor a considerar se relaciona con la cultura periodística. En Uruguay prima un “periodismo de declaración”, donde el periodista reconoce al político como el legítimo representante de la ciudadanía, por lo que asume un rol de mediador a la hora de reportar las múltiples lecturas de la realidad social. El Frente Amplio encontró en ello una oportunidad para negociar vínculos de mutua cooperación con determinados medios y periodistas. 

Los presidentes frenteamplistas Tabaré Vázquez y José Mujica trasladaron la escena mediática del estudio de televisión a los actos propios de la gestión de gobierno, como por ejemplo conferencias, actividades e inauguraciones oficiales. En el caso de Mujica incluso la cotidianeidad de su propio hogar pasó a ocupar un lugar central. En la disputa por quién domina la escena, los primeros gobiernos del Frente Amplio lograron ser los anfitriones del teatro informativo.

Tal vez por ello la estrategia comunicacional de la izquierda no incluyó la creación de programas ni medios propios, tampoco la recurrencia a las cadenas nacionales ni el uso de redes sociales personales. Tampoco se realizaron cambios significativos en la asignación de publicidad oficial.

MEJOR MALOS CONOCIDOS

En definitiva, pese a su desconfianza mutua, la izquierda uruguaya decidió aceptar la estructura de medios heredada desde los gobiernos tradicionales. Sin embargo, como concluye Schuliaquer, ello no respondería al talante socialdemócrata de sus políticas, sino a un esquema de equilibrio entre el poder económico e info comunicacional del Estado y un mapa de medios oligopólico, pero estable y accesible. Las elecciones de 2019, los primeros meses de gobierno de signo conservador, y el avance de las plataformas de convergencia tecnológica reabren las discusiones sobre esta estrategia. 

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