¿Adiós a Donald Trump?

Candelaria Dominguez
Periodista feminista. Me especializo en género, DDHH y cultura. PD: Materno felinos.

Perdió las elecciones presidenciales pero sus acciones en los últimos cuatro años dejaron una sociedad profundamente dividida. ¿Qué deja su gobierno y qué queda por hacer?

El 20 de enero de 2017 Donald Trump cruzaba las puertas de la Casa Blanca con un mensaje casi premonitorio: “Los ciudadanos estamos haciendo un gran esfuerzo nacional para reconstruir una nación, estamos transfiriendo el poder de Washington y regresándolo al pueblo”. Cuatro años después, en medio de una pandemia mundial, millones de personas tomaron las calles luego de que un hombre afroamericano, George Floyd, fuera asesinado por la policía. La imagen de Trump atrincherado en la Casa Blanca con los tanques recorriendo las calles de Washington difícilmente se pueda olvidar. Lo que siguió en los días posteriores a las elecciones fue un fiel retrato del modus operandi de Trump ante las instituciones democráticas estadounidenses: negación, negación, y desestimación. A menos de veinte días de entregar el poder a Joe Biden, Trump continuó la guerra en Twitter: arengó a sus seguidores a tomar acción en contra de una supuesta elección fraudulenta. Lo que siguió: el Capitolio asediado por seguidores de Trump el día que el Congreso confirmaba la victoria de Biden en el Colegio Electoral. Cuatro personas muertas y los mismos republicanos abandonando el barco destructor de Donald. Con el triunfo de Biden y una sociedad profundamente dividida, ¿cómo se analiza un gobierno cuyo mensaje caló en lo más hondo de un sector postergado?

La crisis económica del 2008 no tuvo mayores consecuencias para los banqueros que habían hecho un jugoso negociado a costas de las personas que quisieron simplemente comprar un techo. La crisis la pagó quienes se quedaron sin casa y perdieron su trabajo, y sobre todo aquellas familias del midwest, donde las industrias comenzaron a dejar el país para asentarse países donde la mano de obra fuera más barata. En un contexto económico complejo, con una feroz crisis para Estados Unidos, ¿cómo se analiza la macroeconomía bajo el gobierno de Trump?

DESEMPLEO Y ECONOMÍA EN LA ERA TRUMP

Bajo la presidencia de Obama los índices de desempleo comenzaron en un 5.6% teniendo un pico de un 10% en octubre del 2009, terminando el mandato en un 4.9%. En la era Trump, el desempleo bajó a un mínimo del 3% para luego aumentar de forma abrupta durante la pandemia de Covid-19: llegó a un 14.7%, niveles que no se veían desde la Gran Depresión, llegando a 14 millones de desempleados.  Al comienzo del gobierno de Trump, el desempleo en afroamericanos estaba en un 7.5%, bajando a un 5.4% en agosto 2019, creció de forma exponencial a un 13% durante la pandemia. 

 El crecimiento económico que terminó en un 3.1% el último año de Obama, se mantuvo estable en un 2% en los dos primeros años de Trump para pasar a un -6.5% durante la pandemia. Al comienzo del gobierno de Trump, el desempleo en afroamericanos estaba en un 7.5%, bajando a un 5.4% en agosto 2019 y luego creciendo en 2020.

También el salario promedio no tuvo cambios significativos bajo la administración de Trump: apenas asumió Obama, la hora se pagaba $23 y actualmente está en $29 la hora promedio de un trabajador.  Por otro lado, en 2019 la brecha salarial entre hombres y mujeres con título universitario subió a un 73%. 

Durante la pandemia de Covid-19, alrededor de 30 millones de personas quedaron sin empleo. Un día antes de navidad, cuando en el Congreso se aprobó un paquete de ayuda económica por la pandemia de 900 billones de dólares que implicaba ayuda a empresas pequeñas – en especial el Programa de Protección de sueldos que contemplaba 80 billones de dólares para que los negocios mantengan a los trabajadores en sus puestos y bono de 600 dólares a desempleados, Trump vociferó (luego de no participar con los republicanos de la negociación el proyecto), que el paquete de ayuda era “un desastre” y que el bono debería ser de 2000 dólares. Los demócratas rápidamente recogieron el guante, como Alexandria Ocasio Cortéz ,y es probable que se plantee volver a discutir el paquete de ayuda.

¿RELACIONES INTERNACIONALES O RELACIONES PELIGROSAS?

Trump manejó una estrategia de vínculos internacionales más a través de Twitter que a través de sus diplomáticos. Desde la batalla comercial con China hasta la retirada de las tropas de Afganistán, el manejo de las relaciones geopolíticas no lo alejó de la imagen de empresario con poca cintura política.Sí hizo foco en un proteccionismo económico fuerte, renegociando el acuerdo NAFTA con México y Canadá, favoreciendo en el acuerdo la propiedad intelectual y tasas que benefician a industrias estadounidenses. Una de las decisiones más controversiales que tomó en plena crisis del Covid-19 fue la retirada de Estados Unidos de la OMS.

Los primeros años del gobierno de Trump se vieron atravesados por el cierre de fronteras a ciudadanos de seis países árabes y la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París, acuerdo que estipulaba a los países miembros reducir las emisiones de carbono. Biden prometió revertir esta decisión. También volvió a instalar algunas restricciones a Cuba que habían sido canceladas por la administración de Obama, ajustando también el personal de la embajada en la Habana. 

La guerra de egos entre Trump y Kim Jon-Un, líder de Corea del Norte fue otro de los puntos más ásperos de su gobierno, con amenazas cada vez más peligrosas que involucraban armas nucleares. El encuentro largamente anticipado de ambos mandatarios se dio en julio de 2018, cerrando con la promesa de Kim de desnuclearizar la península de Corea.

La guerra comercial con China fue uno de los caballitos de batalla de Trump para arengar el proteccionismo económico. Ambos países comenzaron imponiendo impuestos a productos de exportación cada vez más altos hasta que acordaron establecer un acuerdo comercial. Pero no terminó ahí, la relación tóxica de Trump y Xi Jinping continúa: desde halagos y encuentros con el presidente chino a tweets furiosos acusando a China de ser un país ladrón de propiedad intelectual y ciber terrorista. En 2019, Trump subió los impuestos a productos chinos del 10% al 25%, además de querer prohibir que empresas y aplicaciones chinas funcionen en Estados Unidos. 

Similar vínculo tuvo con Rusia y Corea del Norte. La retirada de la mayoría de las tropas de Afganistán e Irak significó el fin de veinte años de poder norteamericano concentrado en Medio Oriente. Esta maniobra sorprendió incluso a demócratas como Elizabeth Warren, que era uno de sus puntos de campaña antes de retirarse de la carrera presidencial en favor de Biden. Otro evento importante a mencionar es el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, dando una fuerte señal de apoyo a Israel en el conflicto con Palestina. 

El accionar de Trump dejó a Biden y su próximo gobierno con el deber de reparar los platos rotos en algunos puntos: que Estados Unidos vuelva a la OMS y al Acuerdo de París serán los primeros puntos en la agenda. Por otro lado, el racismo y la xenofobia a la que Trump y su gabinete alentaron y reforzaron, dejaron una imagen muy difícil de levantar ante el mundo. Los discursos de odio, las promesas de la creación del muro divisorio con México, la persecución de ICE – el comando de policía que se encarga de perseguir inmigrantes ilegales- y los centros de detención que alojan más de 500.000 niños separados de sus familias en las fronteras se cobraron sus denuncias a organismos internacionales de derechos humanos. Lo mismo sucedió con los últimos hechos que culminaron en protestas globales: el asesinato de George Floyd y Breonna Taylor expuso una vez más el racismo recalcitrante en las mismas bases de las instituciones norteamericanas. Las tropas en las calles enviadas por Trump y la falta de respuesta de la justicia hacia los policías que cometen crímenes de odio es una clara muestra que el racismo enquistado será difícil de remover, sobre todo con el crecimiento de la derecha radical.  

Quedan quince días de gobierno de Trump y sus asesores continúan buscando estrategias legales para revertir el resultado de las elecciones que ya fueron reconocidas por el Colegio Electoral y por Mitch Mcconnell, republicano y líder de la mayoría en la Cámara Baja. Sus cuatro años de gobierno dejan a un país profundamente dividido, en una crisis económica que no se veía desde la Gran Depresión y en medio de una pandemia que lejos está de resolverse. La imagen del Capitolio siendo asediado por seguidores de Trump y el video que él subió a Twitter dirigido a sus seguidores diciéndoles “patriotas” y que eran “muy especiales” fueron ampliamente repudiados tanto por demócratas como republicanos. El partido que lo ungió como candidato en 2016 comenzó el motín. A las pocas horas del desastre en Washington, cuatro asesores del gabinete renunciaron. Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes comenzó a hacer los preparativos de impeachment en caso de que Mike Pence, vicepresidente, se niegue a tomar medidas. “Aunque faltan trece días, cualquier día puede ser una película de terror para Estados Unidos”, dijo. 

Es una incógnita si a Trump se lo podrá remover del cargo apelando a la 25° enmienda en los próximos días. También es una incógnita si Biden podrá lograr un consenso que asegure su gobernabilidad ,consenso que exigirá además el visto bueno del ala más izquierdista de los demócratas como Ocasio Cortez y Sanders. El auge de la derecha y el descontento de un amplio sector social por las políticas más igualitarias del legado de Obama, es un hecho. El paso de Trump, y el odio que despertó, también. 

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